jueves, 3 de abril de 2008

piel de asno


Piel de Asno es un "inocente" cuentecito que trata del asedio incestuoso de un padre hacia su hija

PIEL DE ASNO
d
e Charles Perrault

Hubo una vez un monarca, el más grande que había entonces sobre la tierra, tan amable en la paz, como terrible en la guerra, y que sólo a él mismo podía compararse ya que no había ningún otro que le aventajara en poder. Los reinos vecinos le temían y por esta causa, sus estados estaban en paz, floreciendo en todo el territorio, a la sombra de las palmeras, las virtudes y las bellas artes. Su amable esposa, y fiel compañera, era tan encantadora como bella, teniendo un espíritu agradable y dulce, lo que convertía al rey, más en feliz esposo que en soberano, lo que ya es decir. De su ejemplar matrimonio, nació una hija, tan adornada de gracias, que pronto los reyes se consolaron de no haber tenido más descendencia..

En su vasto y rico palacio todo era magnificencia por doquier y una gran muchedumbre de cortesanos y de servidores lo poblaban yendo y viniendo afanosos.

El rey tenía en sus cuadras caballos grandes y pequeños de todas las razas, cubiertos de ricas gualdrapas, recamadas en bordados de oro. Pero lo que más sorprendía a cuantos las visitaban, era que un vulgar asno de grandes orejas se hallara instalado en el lugar de honor.

Si tal desatino os desconcierta, cuando sepáis de sus cualidades sin par, comprenderéis la causa y no os parecerá que sea un honor exagerado.

Era un animal de apacible naturaleza y muy limpio, ya que no ensuciaba el establo, dejando en su lugar montones de monedas de oro, que se recogían todas las mañanas cuando despertaba.

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Mas tanta dicha no suele durar mucho tiempo, y, por este motivo, una enfermedad desconocida atacó de improviso a la reina. Por todas partes se buscaron remedios, pero ni los sabios doctores de la facultad, ni los curanderos llamados de urgencia como último recurso, no pudieron, entre todos juntos, detener la fiebre de la soberana, que iba en aumento cada día.

Llegada que vio su última hora, la reina le dijo a su esposo:

-Debo exigiros una cosa antes de morir, y es que os volváis a casar cuando ya no esté

-¡Ah! –exclamó el rey- Vuestra preocupación es superflua. Yo no fantasearía con ella. Reposad tranquila.

-Sé lo que pensáis -repuso la reina-, teniendo en cuenta vuestro amor apasionado, sin embargo, para mi tranquilidad, quiero que me juréis, que si vos encontráis a una mujer más bella y más inteligente que yo, la tomaréis por esposa.

La reina habló así en la confianza de que su atractivo no iba a encontrar rival y, por tanto, el rey no se casaría jamás.

El rey juró, con los ojos bañados en lágrimas, todo lo que la reina quiso y ella murió tranquila entre sus brazos.

Jamás un marido llevó tanto duelo pues sollozaba de noche y de día, aunque todos pensaron que precisamente porque lloraba el recuerdo de su amada perdida, no continuaría viudo mucho tiempo dado que su afectuoso temperamento no podía vivir sin amor. Y no se equivocaban ya que, al cabo de algunos meses, el monarca quiso proceder a una nueva elección. Pero no era cosa fácil cumplir su juramento y que la nueva esposa superase en atractivo a la primera a quien él había idealizado en su memoria y que ahora descansaba en el mausoleo.

Mas ni la corte que abundaba en beldades, ni el campo ni la ciudad, ni los reinos de alrededor, ni en ninguna parte a donde se fue a buscarla, en ningún sitio, pudo encontrarse a otra igual. Sólo hubo una, aún más bella que la reina, y que incluso poseía ciertos amables rasgos de carácter que la difunta nunca tuvo, pero esta criatura excepcional era su propia hija.

El rey descubrió un mal día ese parecido que aventajaba al de su esposa, y, enloqueciendo, razonó que por esta causa debía casarse con su hija; tan ciego estaba, que llegó incluso a consultar con hombres de leyes los cuales no dudaron en apoyar semejante disparate si tal era la voluntad del soberano.

Pero la joven princesa, triste al oír hablar de un amor tan absurdo, se lamentaba y lloraba día y noche.

Con el alma acongojada por la pena, la princesa fue a buscar a su Hada Madrina, que vivía lejos, en una gruta ricamente tapizada de nácar y corales.

Su madrina era un hada admirable que no tenía rival en las artes mágicas, pues ella, no es necesario que os lo diga, era lo que debía de ser un hada en aquellos bienaventurados tiempos:

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-Sé perfectamente -dijo el hada viendo a la princesa-, lo que os ha traído aquí, conozco de vuestro corazón la profunda tristeza, pero conmigo no tenéis que preocuparos, pues no hay nada que os pueda dañar si os dejáis llevar por medio de mis consejos.

Vuestro padre, es cierto, querrá casarse con vos. Escuchar su loca petición sería una falta muy grave, no obstante, sin contradecirle se le puede rechazar. Decidle que es preciso que él os dé, para teneros contenta, y antes de que aceptéis su proposición, un vestido que sea del color del tiempo. A pesar de todo su poder y toda su riqueza, aunque el Cielo le favorezca, no podrá jamás cumplir su promesa.

La princesa fue temblando a decirle a su enamorado padre lo que el hada le había aconsejado, y el monarca la escuchó, llamando acto seguido a los modistas más importantes, ordenándoles que si ellos no le obedecían con exactitud, creando una ropa que fuera del color del tiempo, podían estar seguros que los mandaría encarcelar.

Pero el segundo día no había amanecido aún que ya le traían la ropa deseada. El más hermoso azul no tiene punto de comparación con el de aquel vestido de un celeste maravilloso sobre el que parecían volar cien nubes doradas.

Estremecida de gozo y de dolor a un tiempo, la princesa no supo que decir ni comentar, y se entregó a la desesperación. Su madrina entonces volvió a aconsejarla:

-Princesa, pedidle un vestido, que, más brillante y menos común, sea del color de la luna. Él no podrá dároslo.

Apenas la princesa lo pidió, el rey le dijo a su maestro artesano en bordados:

-¡Que el astro de la noche pierda todo su esplendor en la comparación, y que, sin falta, en cuatro días me sea entregado el vestido del color de la luna!


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Dentro del plazo fijado, el rico traje estuvo hecho tal como el soberano lo ordenase. En los cielos donde la noche despliega su velo, el astro nocturno era menos radiante en su ropaje de plata, que el vestido de la princesa, ya que el mismo despedía una viva claridad convirtiendo en pálidas a las estrellas.

La princesa admiró el maravilloso traje y estaba a punto de consentir en el matrimonio porque no encontraba escapatoria posible, cuando su madrina tuvo una inspiración, y al rey enamorado hizo que le dijese la princesa:

-No me sentiré satisfecha hasta que no tenga una ropa aún más brillante y del color del sol.

El rey que la amaba con un amor sin parangón, hizo venir incluso a un exquisito orfebre, y le ordenó engarzar en un soberbio tejido de oro, diamantes y otras piedras preciosas, diciendo que si no era de su gusto la labor, le haría morir en medio del tormento.

Pero el monarca no tuvo que llevar a cabo su amenaza, pues el industrioso artista, llegando el fin de la semana, le mostró su obra, tan hermosa, tan viva, tan radiante que no tenía que envidiar al sol, cuando éste se pasea sobre la ruta de los cielos en su carro de oro, deslumbrando los ojos con el estallido de su luz.

La niña, a quien estos dones acabaron de confundir, no supo que decirle a l rey y entonces el hada madrina cogiéndola de la mano, le susurró al oído:

-No es preciso continuar pidiéndole vestidos preciosos ya que está visto que puede regalároslos, pero hay una cosa que no podrá concederos nunca, muy a su pesar, ¿os acordáis del asno que llena los establos de oro cada mañana engrosando las arcas del reino?, pues pedidle la piel de este raro animal, como el asno es la fuente de sus riquezas, vos no la obtendréis jamás, o mucho me equivoco.


Aunque el hada era muy sabia, ignoraba todavía que el amor violento no tiene nada que le contente ni para él cuentan la plata y el oro, y así la piel del pobre asno fue entregada a la princesa a la mañana siguiente, como esta había solicitado.

Cuando se le dio la piel del asno, la princesa se espantó terriblemente llorando con amargura su triste suerte, y por su parte el hada madrina, también hizo acto de presencia lamentándose ante el inaudito hecho al comprender que el rey estaba dispuesto a todo con tal de conseguir casarse con su propia hija. Indignada a la vista de los acontecimientos, el hada aconsejó a la princesa que en ese mismo momento y hora era preciso que, sola y mal vestida, se fuera a cualquier reino lejano para evitar un disparate tan próximo y cierto como el de aquel matrimonio.

-He aquí –prosiguió el hada-, este cofre, donde meteréis todo vuestros vestidos, vuestro espejo y vuestro tocador, y todos vuestros diamantes y vuestros rubíes. Aparte os entrego mi varita mágica, pues teniéndola en la mano, el cofre os acompañará allá donde vayáis, siempre escondido bajo tierra y cuando lo queráis abrir, apenas el suelo haya tocado mi varita, enseguida aparecerá el arcón ante vuestros ojos, abriéndose, para que podáis cambiar de indumentaria. Los despojos del asno son una máscara admirable. Escondeos bien bajo esa piel repugnante, ya que nadie creerá jamás, que encierra algo tan bello.

La princesa de tal suerte disfrazada, se despidió con tristeza de su hada madrina, y en la fría madrugada del día de su boda, cuya fiesta se estaba ya preparando, aprestóse a iniciar la nueva vida que le presentaba un funesto destino.

Cuando en palacio se dieron cuenta de su huída, no hubo casa, camino o avenida que no fuera registrado buscándola, mas todo fue en vano porque nadie pudo adivinar en que dirección se había ido la princesa

Por todas partes se extendió una profunda tristeza, nada de bodas, nada de festines, nada de confites, nada de tarta. Las damas de la cortes estaban muy decepcionadas, ¿y que diremos del sacerdote que se encontró sin boda que oficiar?

La niña, mientras tanto seguía su camino, el rostro enmascarado bajo la horrible cabeza del pobre asno, y a todo el que pasaba le tendía su mano intentando buscar quien la compadeciese, pero incluso hasta los más desgraciados la veían tan asquerosa y tan llena de porquería, que no querían ayudarla, ni mucho menos llevar a sus casas a una criatura tan sucia

Entonces ella se marchó lejos, lejos, muy, muy lejos. En fin, tanto se alejó, que llegó a una alquería, en la cual la granjera necesitaba una fregona para lavar los trapos de cocina y limpiar el comedero de los cerdos.

Se la metió en un rincón al fondo de la cocina, donde los pinches no hacían más que importunarla con su insolencia, contradecirla y burlarse de ella; siempre estaban pensando en que trastada hacerle y de continuo la fastidiaban, estando la princesa expuesta a menudo a todas sus bromas y a todos su insultos.

Cada domingo, la princesa tenía un poco de reposo, pues habiendo realizado por la mañana sus tareas, ella entraba en su habitación y cerrando la puerta, se lavaba y, después, abría el cofre, sacaba su tocador, colocando cremas, polvos y perfumes delante del espejo, y contenta y satisfecha, se vestía con el traje color de luna, o con el resplandeciente del color de sol , o con el celeste color del tiempo, aquel que todo el azul de los cielos no sabría igualar, y también se entristecía de que tanta magnificencia no la pudiera ver nadie más.

Contemplarse así era su única dicha y esta dulce satisfacción la mantenía hasta el domingo siguiente.

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¡Ah!, me había olvidado decir de paso, que esa alquería en donde se encontraba la princesa, hallábase entre las posesiones de un monarca, pues era como su parque zoológico privado, ya que allí, se criaban gallinas de Berberìa, pintadas, cormoranes, pájaros almizclados, ánsares y otras mil aves exóticas, todas diferentes entre sí, que eran la envidia de muchas de las cortes extranjeras..

El hijo del rey iba a menudo a este lugar delicioso a la vuelta de sus cacerías para descansar, mientras tomaba algún refrigerio con los nobles de su corte. Piel de Asno le vio de lejos enternecida, admirando su aspecto marcial, digno de hacer temblar a los más fieros escuadrones, y ello le hizo comprender, impresionada por su apostura, que bajo la piel y los harapos que se veía obligada a llevar, todavía tenía el corazón de una princesa.

" -Su aire es majestuoso y amable al mismo tiempo –se dijo ella feliz- .Si él me viera con mis hermosos trajes me honraría como merezco pues ninguna dama de su corte podría comparárseme”.

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Un día el joven príncipe errando a la aventura por la alquería, pasó cerca del ala oscura en la que de Piel de Asno tenía su humilde estancia y la curiosidad, le hizo mirar por el ojo de la cerradura.

Como era domingo, ella se había engalanado con uno de sus soberbios vestidos, el cual, entretejido en oro fino y con gruesos diamantes, igualaba al sol en su más pura claridad.

El príncipe se quedó sin aliento al verla, maravillado ante tanta hermosura y esplendor, pues el traje, unido a la belleza de un rostro de trazos finos, la estrechez del talle, la blancura de su piel, la lozanía de su aspecto, su majestuosidad, en suma, le impresionaron llegándole al corazón, pero fueron más todavía las perfecciones que traslucía su alma, las que le robaron el corazón.

Llevado de su apasionamiento juvenil, por tres veces quiso el príncipe llamar a la puerta, pero, creyendo ver a una aparición irreal, por tres veces su brazo se detuvo y no llamó, retirándose pensativo a palacio en donde se pasó la noche y el día entre suspiros, rechazando ir al baile de Carnaval en cuyas fiestas se hallaban.

Entonces el príncipe comenzó a odiar la caza, las obras de teatro, perdió el apetito, todo le irritaba y ponía enfermo de una triste y mortal languidez porque creía que la dama de sus pensamientos era una ninfa escondida, una diosa, no una mujer vulgar.

-Esa que mencionáis–le dijeron-, es Piel de Asno, y no una ninfa ni precisamente hermosa, y se llama así a causa de la piel mugrienta con que se cubre.

El príncipe no supo que creer o que replicar, pero lo que habían visto sus ojos a través del agujero de la cerradura, no podía borrársele de la mente.

Mientras tanto, su madre la reina, que no tenía más hijo que él, lloraba y se desesperaba, rogándole en vano que declarara cual era la naturaleza del mal que le aquejaba, pero él gemía y suspiraba y al final, lo único que dijo fue que Piel de Asno le hiciese un pastel por su propia mano, y al escucharle, la reina no entendió lo que el príncipe quería.

-¡Oh, Cielos, Señora -le explicaron los oficiosos cortesanos-, esta Piel de Asno es más fea que picio y está más pringosa que el más sucio marmitón!

–No importa -dijo la soberana que amaba a su hijo sobre todas las cosas–, es preciso satisfacer ese capricho, porque es al príncipe a quien debemos cuidar.

Ya que la reina le quería tanto, que si el príncipe hubiera deseado comer oro, oro le habría sido servido en su mesa.

Habiendo recibido la orden real, Piel de Asno se encerró en su cuartito, no sin haber cogido harina, sal, mantequilla y huevos frescos para elaborar un sabroso pastel. Pero antes se lavó, vistiéndose después con sus mejores galas para realizar dignamente su tarea.

Se dijo luego, que ella amasaba el pastel muy apresuradamente y que de su dedo, por azar, cayó en la pasta una de las ricas sortijas que llevaba, pero aquellos que afirman saber el fin de esta historia aseguran que la sortija fue introducida a propósito en la masa, y francamente, yo les creo, pues supongo que la princesa se apercibió el día en que el príncipe la estaba espiando.

En este aspecto las mujeres tienen un sexto sentido sabiendo sin ver, antes que nadie, muchas cosas, y así la princesa debió pensarse que en cuanto su enamorado se la encontrase en el pastel sabría captar el mensaje que le enviaba través de la sortija.

El príncipe devoró tan ávidamente el pastel que por poco se atraganta con la sortija, mas cuando vio la admirable esmeralda y el círculo de oro estrecho que marcaba la forma del dedo, el corazón se le llenó de gozo, guardándola bajo su almohada, aunque no por eso mejoró. Los sabios médicos, que le veían adelgazar de día en día, juzgaron, debido a su experiencia, que el príncipe estaba enfermo de amor, y como el matrimonio es el mejor remedio para este tipo de enfermedad, se concluyó que había que casarlo, a lo que el joven, haciéndose de rogar un poco, dio al final su consentimiento imponiendo una condición.

–Sólo me casaré con la persona a quien le vaya bien este anillo.

Al escuchar la extraña petición, el rey y la reina se sorprendieron mucho. Pero como el príncipe estaba tan mal no se atrevieron a decirle que no, suponiendo, para consolarse, que el anillo debía pertenecer a una persona de rango y que ella haría acto de presencia en afirmación de sus derechos.

En cuanto el rumor corrió, todas las doncellas supieron que había que tener unos dedos muy finos para que la sortija pudiera irles bien, y como no todas las jóvenes los poseían finos y delicados, hubo charlatán que hizo fortuna recomendando ungüentos para adelgazarlos, aunque otras muchachas, impacientes, se los recortaron antes. con objeto de ser las primeras en probarse aquella sortija.

El ensayo dio comienzo con las jóvenes princesas, las marquesas y las duquesas, pero sus dedos, aunque delicados, eran demasiado gruesos y no entraban, siguieron las condesas y las baronesa y todas las nobles damas. Mas presentaron su mano vanamente. Después vinieron las modistillas que tenían los dedos bonitos y menudos, e incluso había dedos muy bien hechos que parecían ajustarse al anillo.

Sin embargo, la sortija, resultaba siempre o muy pequeña o demasiado grande. Como era preciso probársela a todo el mundo, se llamaron a las criadas, a las cocineras, a las campesinas, a las cuidadoras de pavos, en una palabra, a cualquier mujer por baja que fuese su extracción social, o sea, tanto aceptaron a las de manos bastas como antes aceptasen a las de manos delicadas.

Después de muchas pruebas, se creyó llegado el final, pues ya no quedaba nadie más que la pobre Piel de Asno allá en el fondo de su olvidada cocina.¿Mas cómo creer, se decían, que el Cielo la hubiese destinado a reinar?

El príncipe ordenó:

-¿Y por qué no?, ¡que la hagan venir!

Al oírle, todos soltaron la carcajada, comentando en voz muy alta:

-¿Quién había de decirlo? ¡Mira que hacer entrar aquí a esta sucia zarrapastrosa!

Pero cuando la joven sacó de bajo su negra piel de asno una pequeña mano que parecía de marfil, y la sortija se le ajustó perfectamente al dedo, la corte entera se quedó estupefacta al no poder comprender lo que allí estaba sucediendo.

Como la sortija estaba en su dedo, se la quiso llevar a presencia del rey, pero ella pidió que antes de aparecer delante de su señor y amo, se le permitiese el cambiarse de vestido. Al oírla todos se echaron a reír, pero cuando llegó al apartamento real atravesando las salas con sus radiantes vestiduras que no tenían igual, con sus hermosos cabellos rubios entrelazados con luminosos diamantes de irisados rayos, con sus dulces ojos azules, grandes y rasgados, llenos de majestad, dueña de un talle tan menudo y esbelto, que con dos manos se le podía ceñir, en fin, mostrando su encanto y su divina gracia, los nobles se rindieron ante la bella desconocida. .

Todo eran murmullos de admiración y desconcierto, los reyes no salían de su asombro y el príncipe estaba loco de alegría al haber hallado a su bienamada.

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Para las bodas, se hicieron grandes preparativos. El monarca rogó a todos los reyes del entorno, poderosos y magníficos, que dejaran sus estados con ocasión del gran día. Y se vio llegar desde Oriente, montados sobre grandes elefantes, a soberanos de imponente aspecto que infundían gran respeto a los niños pequeños, aunque no sólo de Oriente llegaron escoltados por sus ricos séquitos, sino, también, de todos los lugares del mundo.

Pero ningún monarca, príncipe, o ningún potentado, pareció ser tan brillante como el padre de la desposada, quien de su hija en otro tiempo enamorado, habíase curado de tan extraña pasión, no quedando de ella más que un vivo amor paternal.

–¡Bendito sea el Cielo que quiere que yo te vuelva a ver, mi querida hija!- dijo el rey llorando de gozo mientras la abrazaba tiernamente, lo cual, hizo comprender a sus futuros suegros y al príncipe, el noble origen de Piel de Asno

En este momento llegó el hada madrina quien contó toda la historia, y por su relato la princesa se acabó de llenar de gloria, de lo cual se deduce que es preferible pasar calamidades que faltar a nuestro deber, que la virtud puede conocer el infortunio, pero que siempre vence, que contra un loco amor y sus ardientes transportes, la sensatez es más fuerte que cualquier otra consideración.

El cuento de Piel de Asno es difícil de creer, pero en tanto que en el mundo haya niños, madres y abuelas, se conservará en nuestra memoria para siempre.

miércoles, 2 de abril de 2008

la caperucita el cuento de terror

red+death - Share on Ovi
Por qué Walt Disney no llevó a la pantalla el cuento de Caperucita Roja?.
Quizás lo pensara dos veces al descubrir que ese bonito cuento guardaba secretos escabrosos. Nació como una fábula extendida en el norte de la Francia Medieval para prevenir a las niñas de los peligros del bosque y del trato con desconocidos. Pero el tinte de leyenda que tiene provocó muchas versiones de la historia, siendo Charles Perrault el primero que la incluyó en un volumen de cuentos. Después, los hermanos Grimm versionaron el cuento de Perrault, quedando como la concebimos actualmente.

Cuando Perrault publicó su colección de cuentos de ladas, en 1697, Caperucita Roja era ya una historia antigua, alguno de cuyos elementos se remontaban incluso al año 1.023, a una historia escrita en latín por Egberto de Lieja llamada Fecunda Ratis, en la que aparece una niña en compañía de lobos vistiendo ropas coloradas, de las que nunca se separaba porque eran muy importantes para ella.



Caperucita Roja es un relato de terror.

Hay varios pasajes que fueron "censurados", y no es para menos, se cuenta que el lobo manipulador invita a Caperucita a beber y comer carne y sangre de su abuela. En otro momento, cuando Caperucita sospecha de las intenciones del lobo, se supone que intenta irse con excusas bastante escatológicas (lo que todos hacemos en el servicio...).


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Así que antes de que los hermanos Grimm firmaran un final feliz, la historia real de Caperucita acababa como el Rosario de la Aurora: el lobo mata a la abuela, Caperucita y el lobo se comen su cuerpo descuartizado, después Caperucita se va a aflojar el vientre, no sin antes meterse desnuda en la cama con el lobo pensando que era su abuela, y finalmente el lobo se zampa a la lolita del cuento. Coño, ¡el lobo era Hannibal Lecter!.


Cuando Perrault publicó su colección de cuentos de ladas, en 1697, Caperucita Roja era ya una historia antigua, alguno de cuyos elementos se remontaban incluso al año 1.023, a una historia escrita en latín por Egberto de Lieja llamada Fecunda Ratis, en la que aparece una niña en compañía de lobos vistiendo ropas coloradas, de las que nunca se separaba porque eran muy importantes para ella.



La versión de Perrault, extractada, es como sigue:

“Había una niña a la cual su abuela había hecho una caperuza de color rojo, que era tan bonita que todo el pueblo la conocía como Caperucita Roja. Un día su madre la mandó a llevar comida a su abuela porque estaba enferma. La niña tenía que atravesar el bosque, donde se encontró con el lobo. Éste no se atrevió a comérsela entonces porque el bosque estaba lleno de leñadores, así que preguntó a Caperucita a dónde iba, y ella se lo contó. El lobo quiso saber dónde vivía exactamente la abuelita y la niña le proporcionó toda la información. Entonces el lobo se dirigió a casa de la abuela mientras la niña se entretenía cogiendo flores.
El lobo llega a casa de la abuela y se la come inmediatamente. (En el cuento de Perrault el lobo no se pone las ropas de la abuela sino que simplemente se mete en su cama) Cuanod llega la niña, el lobo le pide que se meta en la cama con él. Ella se desnuda, se introduce en el lecho y entonces, sorprendida de ver a su abuela desnuda, exclama: “abuelita, qué BRAZOS más grandes tienes” a lo que el lobo responde: “Para ABRAZARTE mejor”.



Ilustracione de Gustav Dore

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¿Recuerdan las ilustraciones de Doré? Hay una que me interesa en especial. El lobo y Caperucita en la cama. Se trata de la versión de Perrault. El lobo se acuesta después de comerse a la abuela y, cuando llega Caperucita, le dice: “Deja la torta y el tarrito de mantequilla encima del arca y ven a acostarte conmigo”. Caperucita se desnuda y se mete a la cama. Observen la magnífica ilustración de Doré: los ojos grandes, los cabellos sueltos, la cabeza ladeada hacia el lobo. La sábana cubre el hombro derecho de Caperucita hasta tocar el cuello, mientras el brazo izquierdo abriga su pecho y sostiene la sábana. ¿La mano derecha está sobre el hombro cubierto? Difícil posición cuando se ensaya. ¿Entonces dónde? ¿Acaso roza con sus pequeños y rosados dedos, por debajo de la sábana, la piel del lobo? Además, el bulto del cuerpo, debidamente cubierto por la sábana, se dirige al territorio del lobo. El gorro de dormir de la abuela cubre la gran cabeza del lobo, que parece ensimismado, que parece atento a la respiración de Caperucita, mientras sus garras se exhiben con descaro encima de la sábana.
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Más que víctima y victimario, parecen una pareja de casados o, más que eso, una extraña pareja de amantes que traman algo siniestro. Pero la conversación es la siguiente:

—¡Abuelita, qué brazos más grandes tiene!

—Son para abrazarte mejor, hija mía.

—¡Abuelita, qué piernas más grandes tiene!

—Son para correr mejor, niña mía.

—¡Abuelita, qué orejas más grandes tiene!

—Son para oír mejor, niña mía.

—¡Abuelita, qué dientes más grandes tiene!

—¡Son para comerte!

¿No es ésta una conversación de amantes?466px-Dore_ridinghood - Share on Ovi

Entre nosotros circulan dos versiones famosas de Caperucita Roja: una recogida por Perrault, publicada en 1797, y otra de más de cien años después, recogida por los hermanos Grimm y publicada en 1812. En la primera, el lobo se come a Caperucita y el cuento se acaba. En esta versión ocurre la célebre y fascinante conversación: “¿Para qué tienes esos dientes tan grandes?”. Y todo lo demás.

En la versión de los hermanos Grimm aparece un cazador que resuelve el asunto abriendo la barriga del lobo para extraer a Caperucita y la abuela que es copia de el final de otro cuento en el que al lobo lo hayan dormido y le meten piedras en la barriga ( pobre lobo).


¿Qué dice de todo esto el señor Bettelheim en su famoso Psicoanálisis de los cuentos de hadas? “Caperucita Roja gusta en todo el mundo porque, a pesar de ser una persona virtuosa, cede también a las tentaciones; y porque su destino nos indica que el confiar en las buenas intenciones de las personas, que parece lo ideal, es arriesgarnos a caer en multitud de trampas. Si no hubiera nada que nos hiciera agradable la figura del lobo cruel, éste no tendría poder alguno sobre nosotros”.2 Y más adelante: “Sin embargo, el lobo no es únicamente el seductor masculino sino que representa asimismo todas las tendencias asociales y primitivas que hay dentro de cada uno de nosotros



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Vaya cuento! Esa niña me da mala espina... y pensar que lleva toda la vida siendo famosa, supongo que será rica... vamos, la conoce todo el mundo y no es nadie... simplemente una niñata que lleva toda la vida... viviendo del cuento.


Y es que... la historia es muy interesante, ¿sabéis? Os la voy a contar.

Cuenta el cuento que Caperucita era una niña muy simpática que iba todos los días todos los días con la misma caperuza roja, es por ello que se apodaba la Caperucita Roja. ¡Pero qué niña más guarra! ¡Todos los días con la misma ropa! ¿Y eso tiene sentido didáctico? Vaya tela... lo mejor es que a la gente le parece hasta gracioso... sí, graciosa la piojera que debía tener la niña, porque en los cuentos siempre es verano.
bulleta03pv5 - Share on Ovi



¡Eh! ¡Esperad! Que esto no ha hecho más que empezar. La verdad es que la historia es increíble. Resulta que Caperucita vivía con su madre (del padre nunca se supo nada, era de esos que iba a por Tabaco y no volvía) en una aldea, y su abuelita vivía sola en medio de un bosque lleno de lobos. ¡Bien, eso es! Una gran familia, sí señor, un buen sentido de la unión familiar y sobre todo de cómo cuidar a los ancianos. ¿Pero esto qué es? ¿Cómo dejáis a una pobre anciana ahí en medio de un bosque en una casa tan fea? ¿No se aburre? ¿No come?

En fin... la cosa es que en la historia se mete a la abuela porque resulta que se encuentra mal, está enferma. ¿Y cómo se han enterado? ¿Había móviles? ¿O había internet en medio del bosque? ¡Da igual! No sé cómo pero la madre se enteró de que la abuela estaba mala y por eso manda a Caperucita, que es una niña pequeña, a cruzar ella sola un grandísimo bosque lleno de lobos...
caperucita-roja - Share on Ovi


Pero a ver. ¿Qué clase de familia es esta? ¡Con esto el Diario de Patricia tendría para 3 temporadas! La verdad que no me lo creo. ¿Y este tipo de cuentos sirve para enseñar? ¿Para niños? ¡Ja! Me río yo de eso, vamos. Pero bueno, que da igual, la niña debía ir para llevarle un tarro de miel para curar a la abuela. Vaya, gran medicina; sí señor. Pues bueno, habrá que llevársela, y lo mejor de todo es que va la niña sola. Pues por el camino, va ella tan feliz cantando con las flores, con los animales (lo normal, lo que hace todo el mundo) y de camino se encuentra a un lobo. ¡Anda! El lobo le dice (lobos que hablan) que dónde va y tal... pero vamos, Caperucita se hace la fuerte y la interesante y pasa del lobo, dejándolo ahí. Sin embargo, no le falta tiempo para decirle que va a casa de su abuela que está mala.

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Mientras Caperucita seguía caminando, el lobo que es muy listo se adelanta y se mete en la casa de la abuela gritando como loco, se come a la abuela peeero antes le quita la ropa y se la pone, para disfrazarse de abuela. ¿Alguno de vosotros os comeríais una abuela? ... Total, y más sin ropa. Pero vamos, el lobo tan feliz se la come enterita y a esperar.

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Caperucita llega a la casa, y llama. La puerta está abierta, qué raro. ¿Raro? ¡Pero para qué cerrarla! ¡Si ahí no hay vida social! ¡No hay ni ladrones! Ahhh, pero hay lobos... Pues Caperucita entra y tendrá tanta mierda en los ojos que no distingue a su abuela de la cara de un lobo. O simplemente hace tanto tiempo que no va a verla que no se acuerda como es. O quizás la respuesta sea que la abuela tenía más barba y bigote que...


Ojú cómo está la cosa. Lo mejor, que la niña se hace la tonta. ¡Pero qué digo! La niña es tonta:

-Abuelita... ¡qué ojos tan grandes tienes! (¡Es un lobo!)
-Es para verte mejor...
-Y qué nariz más grande... (¡Qué observadora la niña!)
-Es para olerte mejor, nietecita
-Y qué boca tan grande...
-¡Es para comerte mejor! ¡Argh!

Pom, se la come y punto. A ésta con ropa y todo, vaya tela. Y te ves a un lobo vestido de abuela con dos personas dentro trituradas. ¿Trituradas? Para nada, mirad cómo sigue la historia.

Resulta que un cazador se enteró de todo (se lo dijo un pajarito) y fue para el lobo, le pegó un tiro, le rajó la barriga y aquí vemos el gran misterio de la historia. Le raja la barriga al lobo y saca de ahí vivas a Caperucita y a su abuela. ¡Su abuela por cierto que sale de nuevo con ropa! ¿Por qué? Seguro que era un cuento porno... ¡pero nos muestran la versión para niños! ¿Por qué si la ropa de la abuela la tenía el lobo? ¿Qué pasa aquí...? Debería salir en pelotas tal y como es el verdadero cuento... Lo mejor es que el final es feliz porque todos están a salvo y se ponen a cantar con las florecillas y los pajarillos, junto a los demás animales...

¿Y el lobo? ¿Por qué se va asustado? ¿No está muerto? Bueno si la niña y la abuela no lo están... él menos. La verdad es que este cuento tiene un montón de cosas para enseñar, ¿eh?



La verdadera historia de Caperucita Roja
(Cuento original completo más abajo)



El famoso cuento de Caperucita Roja fue escrito originalmente por el francés Charles Perrault hace más de 300 años y está incluido en su volumen: Cuentos de Antaño.

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El auténtico final de este cuento es trágico, pues el Lobo se come a la abuelita y a Caperucita Roja sin que nadie pudiera rescatarlas. El último párrafo reza así:

"¡Abuelita, qué dientes más grantes tienes! Son para comerte. Y diciendo estas palabras, el malvado del lobo se arrojó sobre Caperucita y se la comió.
Fin.".

La versión más conocida hoy en día, es la que incluye un leñador quien logra rescatar del vientre del lobo a Caperucita y a su abuelita es de los Hermanos Grimm (Quienes recopilaron los cuentos que circulaban durante la Edad Media y el Renacimiento).


Fijáos si es lista la madre. La madre SABE que hay peligro en esas cosas porque está al cabo de la calle de cómo es su hija y sabe del atractivo que tiene para cualquier adolescente el mundo exterior. Todo lo que hay fuera de su casa es maravilloso porque Caperucita ya no lo teme, ya se piensa “que controla”, que podrá salir adelante en cualquier situación y ABSOLUTAMENTE TODO lo que hay fuera de su casa es SÚPER ATRACTIVO.

Esta incertidumbre entre la realidad y el placer queda definida muy claramente en el cuento de Grimm cuando el lobo, tanteando el terreno porque es más listo que nada, le dice al Caperu: “Mira qué flores más bonitas hay por aquí. ¿Por qué no te fijas más en las cosas bellas que hay a tu alrededor? Me parece que ni siquiera oyes a los pájaros que cantan. Pareces absorta y preocupada, como si fueses a la escuela; en cambio, todo lo que te rodea es hermoso y alegre” (jeje)
La madre ya le había advertido del conflicto continuo entre hacer lo que a uno le gusta y lo que debe hacer porque para eso le recuerda que “no curiosee por los rincones”. Y es que conoce la tendencia de la niña a separarse del camino y meter las narices en las cosas de los demás para descubrir los secretos de los adultos.

Evidentemente Perrault quiso castigar a Caperucita por hablar con desconocidos, el Lobo en el bosque, representa a un desconocido. Casi todos los cuentos de Perrault incluyen una moraleja y la de este cuento es la siguiente:
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"Vemos aquí que los adolescentes y más las jovencitas elegantes, bien hechas y bonitas, hacen mal en oír a ciertas gentes, y que no hay que extrañarse de la broma de que a tantas el lobo se las coma. Digo el lobo, porque estos animales no todos son iguales: los hay con un carácter excelente y humor afable, dulce y complaciente, que sin ruido, sin hiel ni irritación persiguen a las jóvenes doncellas, llegando detrás de ellas a la casa y hasta la habitación. ¿Quién ignora que lobos tan melosos son los más peligrosos?".


Evidentemente Perrault quiso dar una lección moral contra las jóvenes que entablan relaciones con desconocidos. Deslizándose el carácter sexual de esas relaciones.

Aquí viene un breve poema en el que se plantea la moraleja del cuento: que las adolescentes no deben hacer caso del primero que se les acerca. Si lo hacen, no es de extrañar que cualquiera se las coma.

En cuanto a los lobos, nos dice que podemos encontrarlos de distintos tipos: entre ellos, los más amables son los más peligrosos, especialmente los que siguen a jovencitas por la calle.
Como vemos, el objetivo de Perrault es dar a las niñas una lección moral muy concreta. Y por ser un cuento con un claro interés didáctico pierde todo su interés. A ningún niño se le debe decir claramente lo que tiene que hacer porque eso le aburre. En cambio, si se le dicen las mismas cosas por medio de símbolos que él esté capacitado para comprender en cada uno de los momentos de su desarrollo, se engancha en la historia y termina por aprender –tras aprehender- la enseñanza que puede sacar de ella.

Perrault nos explica con ese final de la historia que el lobo no es lobo ni feroz, que es sólo una metáfora, gracias a lo cual la historia pierde todo su atractivo y escapa de la imaginación del oyente porque se ha destripado lo que puede tener de didáctico. El niño sabe ya lo que le DICEN y no extrae lo que él NECESITA para su vida, así que no le interesa.
Sin embargo, la finalidad de Perrault es bien clara: quiere advertir a las niñas del peligro que supone quitarse las ropas y meterse en las camas de las gentes que encuentran por las calles. Peor no puede evitar que nosotros recibamos la impresión de que Caperucita es completamente tonta.
¿Por qué? Pues porque tanto cuando ve a su abuela llena de pelos (cosa que ha de llamarle la atención) y cuando ésta le dice que tiene los brazos para abrazarla mejor NO HACE ABSOLUTAMENTE NADA.
Es por lo tanto un personaje con el que nadie quiere identificarse porque o es tonta de remate o está deseando ser seducida por el primer lobo que se encuentra...

Al haberse añadido en la versión de los hermanos Grimm la advertencia de que no vaya por el bosque sino por la carretera, y de que no hable con desconocidos, tenemos encuadrada a la niña dentro del esquema de “rebeldilla pero inocentona”. Ella se cree suficientemente mayor como para ir solita por el bosque pero todavía no tiene suficiente maldad como para no ser engañada.
Y he querido hablaros ahora de este cuento, después de Hansel y Gretel, porque la situación familiar y la cercanía del bosque es radicalmente distinta en los dos. Caperucita es una niña sin problemas económicos y protegida por sus padres. La casa de la abuela es la que se encuentra en un territorio extraño.
Como Hansel y Gretel están muertos de hambre y tienen esa fijación oral, sólo piensan en comerse la casita de turrón. Caperucita tiene más años y ha superado ya esa fase del crecimiento, no tiene ningún interés en ir por al bosque comiendo fresas o buscando rovellones: ella va, directamente, buscando un lobo.

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Porque el lobo de Caperucita es “el seductor”. Y hay una edad determinada en la que las niñas van, descaradamente, buscando alguien que las seduzca.

Y también encontramos una diferencia fundamental entre los dos cuentos: el lobo no hace nada por maldad, porque come para alimentarse.
Y también sabemos que los leñadores matan al lobo. Pero esto también es muy lógico porque los lobos se comen a los corderos (aunque hemos de admitir que el método empleado es más bien rarito)
Pero para dejarnos muy claro que en Caperucita no pasa nada anormal y su historia no tiene nada que ver con la de la casita de chocolate, nos dicen que “en casa de Caperucita había de todo”.
Y, ¿por qué hay de todo? Pues porque la madre le da una cesta con tortas, un pastel y una jarrita de miel que van a compartir con la abuela. Y cuando Caperucita se mete en el bosque no considera que éste sea nada peligroso. Ella vive allí al lado y su abuela dentro de él, es un camino que ha recorrido cientos de veces y no parece tenebroso ni amenazador... ¿por qué habría de sucederle, justo ahora, algo malo?
Ella piensa, además, que ya es mayor y sabe defenderse sola. Sólo tiene un peligro, del que la madre le advierte: “No te apartes del camino principal, no hables con desconocidos, y cuando llegues a casa de tu abuela no te olvides de darle los buenos días y no empieces a curiosear por los rincones”


Perrault es también autor de otros cuentos famosos como "Pulgarcito", "Cenicienta o el zapatito de cristal" o "La bella durmiente del bosque". Qué envidia. ¿A qué escritor no le hubiera gustado inventar estos personajes? Todos se encuentran en el libro de Perrault. Si bien no los inventó, tuvo el buen ojo de reunirlos. He leído muchos libros en mi vida, pero éstas son las historias más fascinantes que conozco. Las saboreo una y otra vez y me regocija la dicha de los niños a quienes se las leo o se las cuento en mi oficio de maestro de escuela. Con estas seis historias, con estos seis personajes, se va a la fija. ¿Se han preguntado por qué?



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El canasto, tapado con un paño de flores amarillas, fue entregado a Caperucita. Su madre le pidió que lo llevara a la casa de su abuela que quedaba al otro lado del bosque.
Así partió Caperucita. Vestida entera de rojo: su vestido era rojo, sus zapatos, su pelo e incluso esos delicados labios brillantes que iluminaban los ojos de cualquiera.
Ese día de verano intenso, se despidió de su madre y salió de su casa alrededor de las 8:00pm.
Caminaba por el bosque. Miraba hacia todos lados con cautela. Los sonidos de susurros secretos asustaban e inquietaban a la sutil criatura. Entre el espesor de los árboles se oían gemidos y murmullos de animales feroces. Un suave olor a humedad envolvía los pasos de Caperucita.
De pronto tras un árbol de manzanas se oyó una voz que pronunciaba su nombre de una manera especial, lenta y tenue, exhalaba el aire que la traía consigo.
Caperucita se detuvo y sin mover la cabeza, sólo con sus ojos, miró lentamente hacia distintas partes. El lugar era oscuro, las copas de los árboles se movían con el denso viento. Volvió a mirar y escuchó nuevamente el susurro delirante, pero esta vez tan cerca que pudo sentir su respiración. Un olor extraño desgarró su nariz y por el conducto nasal se escabulló hasta haber llegado a cada una de las extremidades de su cuerpo. Un severo escalofríos erizó sus vellos.
Inhaló y exhaló profundamente mientras cerraba sus ojos. Dobló su cuello hacia un lado y movió su lacio cabello rojo para dejar al descubierto la piel y una parte del hombro se alzó con delicadeza.
De pronto sin más ni menos, sintió una caricia fría y esponjosa que se movía sutilmente por aquella piel erizada ante aquel olor detonador de pasiones ocultamente guardadas dentro de sí.
Abrió los ojos e inmediatamente una especia de pañuelo negro los cubrió. Sintió como una manos frías acariciaban temblorosas su espalda cubierta por el vestido rojo. Lentamente aquellas manos comenzaron a bajar el cierra del vestido. Caperucita solo sentía un deseo inflamante dentro de su cuerpo que no la dejaba moverse.
El vestido cayó descubriendo aquella piel blanca perfectamente contorsionada, increíblemente virgen ante la mano de Dios. Aquel secreto que tenía guardado y que ahora daba a conocer en medio del espeso y húmedo bosque.
Una gota de sudor cayó por sobre su ahora descubierta espalda, hasta topar con una braga de lencería fina color rojo que dejaba entrever un poco de piel por medio de pequeños agujeros que formaban rosas.
Aquellas manos comenzaron a moverse dando la vuelta a su cuerpo, llegando a su abdomen. Subieron nerviosas y una de ellas rasguñó su piel. Caperucita no sintió dolor, sino una especie de electricidad que corría desde los dedos de sus pies hasta la cima de su cabeza.
Cuando las manos llegaron a sus pechos y comenzaron a acariciarlos con firmeza y dedicación, aquella niña se transformó en un monstruo feroz que gemía y respiraba fuertemente. Su pelo rojo se movía de lado a lado. Su boca se abría mirando hacia arriba y estirando su blanco cuello transpirado de pasión.
Una ráfaga de viento helado interrumpió aquel delirante episodio y voló aquel pañuelo que tapaba sus ojos aún cerrados. Los abrió y se encontró sola sentada sobre el suelo, apoyada en el tronco de un árbol, descansando de la larga caminata hacia la casa de su abuela.Se paró con firmeza, bostezó y con las manos aún temblorosas recordó aquel susurro de pasión que la hacía estremecer en su sueño. Sonrió levemente y siguió su camino hacia la casa de su abuela.




Caperucita Roja
(Cuento Completo)

Había una vez una niñita en un pueblo, la más bonita que jamás se hubiera visto; su madre estaba enloquecida con ella y su abuela mucho más todavía. Esta buena mujer le había mandado hacer una caperucita roja y le sentaba tanto que todos la llamaban Caperucita Roja.
Un día su madre, habiendo cocinado unas tortas, le dijo.

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-Anda a ver cómo está tu abuela, pues me dicen que ha estado enferma; llévale una torta y este tarrito de mantequilla.

Caperucita Roja partió en seguida a ver a su abuela que vivía en otro pueblo. Al pasar por un bosque, se encontró con el compadre lobo, que tuvo muchas ganas de comérsela, pero no se atrevió porque unos leñadores andaban por ahí cerca. Él le preguntó a dónde iba. La pobre niña, que no sabía que era peligroso detenerse a hablar con un lobo, le dijo:

-Voy a ver a mi abuela, y le llevo una torta y un tarrito de mantequilla que mi madre le envía.

-¿Vive muy lejos? -le dijo el lobo.

-¡Oh, sí! -dijo Caperucita Roja-, más allá del molino que se ve allá lejos, en la primera casita del pueblo.

-Pues bien -dijo el lobo-, yo también quiero ir a verla; yo iré por este camino, y tú por aquél, y veremos quién llega primero.

El lobo partió corriendo a toda velocidad por el camino que era más corto y la niña se fue por el más largo entreteniéndose en coger avellanas, en correr tras las mariposas y en hacer ramos con las florecillas que encontraba. Poco tardó el lobo en llegar a casa de la abuela; golpea: Toc, toc.

-¿Quién es?

-Es su nieta, Caperucita Roja -dijo el lobo, disfrazando la voz-, le traigo una torta y un tarrito de mantequilla que mi madre le envía.

La cándida abuela, que estaba en cama porque no se sentía bien, le gritó:

-Tira la aldaba y el cerrojo caerá.


El lobo tiró la aldaba, y la puerta se abrió. Se abalanzó sobre la buena mujer y la devoró en un santiamén, pues hacía más de tres días que no comía. En seguida cerró la puerta y fue a acostarse en el lecho de la abuela, esperando a Caperucita Roja quien, un rato después, llegó a golpear la puerta: Toc, toc.

-¿Quién es?

Caperucita Roja, al oír la ronca voz del lobo, primero se asustó, pero creyendo que su abuela estaba resfriada, contestó:

-Es su nieta, Caperucita Roja, le traigo una torta y un tarrito de mantequilla que mi madre le envía.

El lobo le gritó, suavizando un poco la voz:

-Tira la aldaba y el cerrojo caerá.

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Caperucita Roja tiró la aldaba y la puerta se abrió. Viéndola entrar, el lobo le dijo, mientras se escondía en la cama bajo la frazada:

-Deja la torta y el tarrito de mantequilla en la repisa y ven a acostarte conmigo.

Caperucita Roja se desviste y se mete a la cama y quedó muy asombrada al ver la forma de su abuela en camisa de dormir. Ella le dijo:

-Abuela, ¡qué brazos tan grandes tienes!

-Es para abrazarte mejor, hija mía.

-Abuela, ¡qué piernas tan grandes tiene!

-Es para correr mejor, hija mía.

Abuela, ¡qué orejas tan grandes tiene!

-Es para oírte mejor, hija mía.

-Abuela, ¡qué ojos tan grandes tiene!

-Es para verte mejor, hija mía.

-Abuela, ¡qué dientes tan grandes tiene!

-¡Para comerte mejor!


Y diciendo estas palabras, este lobo malo se abalanzó sobre Caperucita Roja y se la comió


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Os sonará el cuento. Y seguro que sois capaces de terminarlo sin ningún esfuerzo, pero... ¿cómo lo terminaríais?

El cuento de "Caperucita Roja" es un antiguo cuento de tradición oral, que ha sufrido modificaciones, adaptaciones, revisiones, edulcoraciones a través de los siglos. En principio, no fue el agradable y bonito cuento que conocemos ahora...

Final número 1: Originalmente, antes de que fuera escrito, antes de que el Lobo Feroz se comiera a Caperucita, éste le decía que cenara algo. Caperucita, obediente, come la carne y bebe un poquito de vino que le ofrece la "Abuelita". Extrañada, pregunta que son esas cosas blancas que hay en la carne y la "Abuelita" la tranquiliza, diciéndole que son alubias. En realidad, lo que Caperucita está comiendo es la carne de la Abuelita, las alubias son sus dientes y el vino es... su sangre. Esta versión del cuento, desde luego, no es nada amable. El final del todo es que el lobo se come a la niña y listo. No hay leñador, no hay salvación posible. Los cuentos pretendían ser moralizantes y una niña tontita que se adentra en el bosque, dejando la seguridad del pueblo, siempre acabará mal.

Final número 2: Existe otra tradición oral, esta vez italiana. La extensión territorial del cuento en su tradición oral fue la región del Tirol, norte de los Alpes y la región del Loira, es decir, ha sido compartido por alemanes, italianos y franceses. En la versión italiana, con una idiosincrasia diferente de la alemana, Caperucita descubre el juego del lobo y soluciona ella misma el problema, liberando a la Abuelita, sin varón leñador forzudo de por medio.

Final número 3: Ya llegamos a la primera versión escrita del cuento, la de Charles Perrault. Esta versión procede directamente de la versión "gore" del cuento. Perrault elimina la historia del canibalismo y le añade moraleja al cuento. Acaba de la misma manera: el lobo se come a Caperucita y listo. La moraleja que añade al cuento es la siguiente: (traducida directamente del original francés de Perrault por mí; cualquier error de traducción sólo atribuible a quien suscribe estas líneas).

Vemos aquí que los jóvenes, sobre todo las jóvenes bonitas, atractivas y gentiles, hacen muy mal en escuchar a toda suerte de gentes, y que no es cosa extraña, si es tanto [el caso que se hace a gente desconocida] que el Lobo come. Digo el Lobo, pero todos los Lobos no son de la misma apariencia; puede ser de un humor amable, sin ruido, sin aspereza, sin furia, quienes privados, complacientes y dulces, persiguen a las jóvenes señoritas, hasta dentro de sus casas, hasta los callejones; pero ¡qué pena! de quien no sabe que esos dulces Lobos, de todos son los más peligrosos.

Final número 4: Ahora llegamos a la versión más conocida, la de los Hermanos Grimm, que se basan en el cuento escrito por Perrault, en la versión oral de una joven de buena educación y en una versión escrita en 1800 por el autor Ludwig Tieck, en la que se introduce la figura del leñador, que salva a la niña y a su abuelita. Caperucita aprende la lección tras ser salvada de la tripa del Lobo, y no vuelve a hablar con lobos desconocidos en el bosque. Así, los Grimm hacen la primera versión con final feliz que entronca directamente con la tradición alemana y francesa.

Final número 5: Los hermanos Grimm también conocieron la versión italiana, con lo que hicieron un final alternativo, heredero directamente de esta tradición, que tuvo mucha menos repercusión. En ella, la abuelita, autosuficiente y valiente (no me resulta difícil imaginarme a una Mamma italiana dándole guantazos al Lobo Feroz), se salva y salva a su nieta.

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